Por: Dilmer Alvarado

Hay días en que los gestos de poder revelan más que los discursos. El reciente pronunciamiento de Donald Trump —respaldando explícitamente a Tito Asfura y anunciando su disposición a indultar a Juan Orlando Hernández— no es solo un acto simbólico: es un movimiento político con implicaciones profundas para Honduras, para la justicia estadounidense y para el equilibrio democrático de la región.

1. Una injerencia electoral que se repite

Que un presidente de Estados Unidos intervenga tan directamente en una elección hondureña no es un detalle menor aunque no sea nada nuevo. Pero no se trata de simples opiniones generales sobre la región ni de comentarios diplomáticos: Trump públicamente designa a un candidato favorito y condiciona la relación bilateral al resultado electoral. Este tipo de intervención afecta:

● La equidad electoral: favorece indebidamente a un candidato mediante el peso geopolítico del país más influyente del hemisferio.

● La autonomía del votante: introduce la noción de que la prosperidad, la ayuda o la cooperación internacional dependen de obedecer la preferencia de un líder extranjero.

● La legitimidad del proceso: crea la percepción de que un proyecto político responde más a intereses externos que a necesidades internas.

En un país con instituciones frágiles, esta clase de respaldo no solo inclina la balanza: amenaza la credibilidad democrática del resultado… En definitiva, es un torpedo a la débil democracia hondureña.

2. El indulto a JOH: un golpe a la coherencia del sistema judicial estadounidense

La promesa de indultar a JOH —condenado por narcotráfico y delitos relacionados con armas— expone una contradicción profunda en la narrativa histórica de la administración Trump y de Estados Unidos: la retórica de la “guerra contra las drogas” pierde coherencia: sus decisiones judiciales pueden revertirse según conveniencias políticas.

No se trata de cuestionar las investigaciones ni el trabajo de fiscales, agentes y jueces, sino de subrayar que:

● Un indulto presidencial anularía años de procesos, testimonios y cooperación internacional.

● Transformaría un caso emblemático de lucha antidrogas en un gesto personal.

● Debilitaría la percepción global de independencia judicial en Estados Unidos.

En la práctica, esto envía un mensaje peligroso a la región y al mundo: la justicia estadounidense puede ser negociable. Y si es negociable, pierde la fuerza moral que durante décadas sirvió como herramienta diplomática.

3. ¿Qué revela esto sobre la política antidrogas de Estados Unidos?

Las acciones de Trump abre preguntas legítimas como: ¿es la lucha contra el narcotráfico una política de Estado o un instrumento político? ¿es real la lucha contra la droga en el caribe? Porque si un condenado de alto perfil puede ser liberado por razones electorales, se rompe la idea de que el combate al narco es un compromiso estratégico permanente. Y esa ruptura:

● Desalienta la cooperación internacional.

● Reduce la confianza en los mecanismos de extradición.

● Incentiva la percepción de que la justicia depende de quién esté en la Casa Blanca.

Honduras queda atrapada entre su propia fragilidad institucional y la inconsistencia del país que dice combatir el crimen transnacional. Esto marca un antes y un después entre la administración Trump y el nuevo gobierno resultante tras las elecciones.

4. Las élites hondureñas: la otra mitad del problema

Pero ninguna injerencia externa prospera sin receptores internos dispuestos a beneficiarse de ella.

El apoyo de Trump a Asfura solo adquiere impacto porque existen actores locales que lo aceptan, lo celebran o lo instrumentalizan.La democracia hondureña no solo está amenazada desde fuera: se erosiona desde adentro cuando:

● las candidaturas buscan legitimidad fuera del país,

● los liderazgos dependen del aval extranjero,

● las instituciones no pueden contener la presión geopolítica,

● y la corrupción opera como sistema y no como excepción.

En ese terreno fértil, cualquier actor extranjero puede moldear voluntades y con ello Honduras es campo abonado para la corrupción.

5. Honduras entre Ícaro y Atenea: metáfora y realidad

Honduras no está en riesgo por volar hacia el sol, sino porque ha permitido que otros diseñen su ruta. La soberanía no se debilita solo por intervención; se debilita por dependencia, por vacíos de poder, por sistemas políticos que no han logrado blindarse frente a presiones internas y externas contrarias a los intereses nacionales.

Y mientras esto ocurre:

● Trump juega a influir en las elecciones hondureñas,

● JOH espera un salvavidas judicial,

● y parte de la clase política adapta sus expectativas a los intereses de otro país.

No se trata de mitología, sino de realpolitik.

6. El desafío inmediato: recuperar agencia política

La pregunta central no es si Estados Unidos interfiere —lo ha hecho durante un siglo o más—, sino por qué Honduras sigue siendo tan vulnerable a esa interferencia. Y la respuesta apunta a la necesidad de:

● instituciones independientes,

● procesos electorales blindados,

● justicia menos politizada,

● y una ciudadanía que no sea rehén del miedo ni de promesas extranjeras.

Porque al final, la defensa de la democracia no depende de discursos, sino de estructuras que impidan que un país entero pueda convertirse en ficha negociable en la mesa de otro.

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