Santorini, una de las islas más icónicas de Grecia, enfrenta una crisis sin precedentes debido al aumento de la actividad sísmica en la región. Desde el 24 de enero, se han registrado numerosos terremotos en Santorini, Amorgós y otras islas cercanas, generando alarma entre residentes y turistas. Solo el 6 de febrero, casi 100 temblores sacudieron la zona, elevando la preocupación por un sismo de gran magnitud.
Ante el riesgo latente, las autoridades han recomendado la evacuación preventiva. Más de 11,000 personas ya han abandonado la isla, cuya población permanente ronda los 17,000 habitantes, mientras que la mayoría de los turistas también han optado por marcharse. La evacuación ha sido facilitada con rutas de escape y refugios temporales, mientras la situación se mantiene en constante monitoreo.
Debido a la gravedad del fenómeno, el gobierno griego declaró el estado de emergencia, vigente hasta marzo. Como parte de las medidas preventivas, se han cerrado escuelas, restringido el tráfico en áreas propensas a deslizamientos de rocas y reforzado los protocolos de seguridad.
Aunque la actividad sísmica es inusualmente intensa, expertos en geología descartan una erupción volcánica inminente. Sin embargo, advierten que no es posible predecir la magnitud de los próximos sismos, por lo que la comunidad científica sigue vigilando la situación y emitiendo recomendaciones para minimizar riesgos.
La incertidumbre afecta especialmente a residentes y trabajadores del sector turístico, quienes esperan información clara sobre las condiciones de seguridad antes de considerar regresar. Mientras tanto, el gobierno continúa brindando asistencia y orientación a los afectados, instando a la población a mantenerse informada a través de canales oficiales.
A pesar de ser uno de los destinos turísticos más populares del mundo, la emergencia ha alterado profundamente la vida en Santorini. Las autoridades piden calma y cooperación mientras se evalúa la evolución de la actividad sísmica en la región.